El partido del Domingo

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En la frontera sur de Galicia-España se encuentra un pueblo dónde ningún reloj existente en el lugar, tiene minuteros ni segunderos. El horario de todas formas es estático, ya que se salta de una hora a otra en una sola acción, obligando así a los habitantes a desarrollar un elevado nivel de la ubicación dentro del espacio-tiempo. Esto suena muy bien y hasta divertido, pero hay un problema. Resulta que como en todas las disciplinas, impuestas o no, existen diferencias en las aptitudes de las personas frente a cierta actividad, que en este caso es la ubicación dentro del espacio-tiempo. Entonces los que no son muy buenos, tienen serios problemas para levantarse a la hora indicada, llegar a tiempo a sus trabajos y/o estudios, decir bien la hora exacta en las radios y TV, en los relojes públicos, en llegar puntual a una cita romántica, o a una cita al médico.

Se denominó a un delegado del pueblo para que se reuniera con el señor Ministro de Asuntos Públicos y Derechos de la Integridad Personal, quién debía plantearle al señor Ministro la inquietud del pueblo respecto a la discriminación existente en el área, del don de ubicarse correctamente dentro del espacio-tiempo, y que se juzgaran a las personas involucradas con este acto altamente reprochable que es el de la discriminación.

El señor Ministro luego de una protocolar cita llena de artilugios y palabras aprendidas en algún libro malo, se le acerca al delegado del pueblo, le palmotea el muslo con firmeza y le dice “Amigo mío, la cosa es que no conviene para nada agregar minuteros a los relojes, el mayor inversionista del pueblo es la compañía de relojes del mediterráneo” (idea que a nadie del pueblo siquiera se le hubiese ocurrido). “Por lo tanto le propongo lo siguiente: Si usted convence al pueblo de que esto es lo mejor para ellos por que los libera de la espantosa sensación de tener que llegar a la hora a todo: al trabajo, a la escuela, a la tienda o al matrimonio, es un beneficio otorgado por el gobierno en forma exclusiva. Y a cambio el gobierno le ofrece un excelente incentivo, el que es, nada menos que entradas para el partido de fútbol de la liga el Domingo, para usted y TODA su familia...”

Y el delegado, luego de dibujar una gran sonrisa en su cara, aceptó.


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